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Colaborador de AEspigar

Muere un maestro

In memoriam | Mario Orellana Rodríguez | (1930-2021)

Luego de una vida íntegra, larga, productiva y llena de reconocimientos, con 91 años ha dejado de existir nuestro maestro, amigo y colaborador Mario Orellana Rodríguez. Respetamos su deseo confesado de reunirse con su esposa Noelia Torres y su hija Jimena, que partieron antes que él.

Mario Orellana fue un hombre múltiple: historiador, antropólogo, arqueólogo y con fuertes intereses en la filosofía. Su brillante trayectoria universitaria, dedicada especialmente a la investigación y la tarea formativa, tuvo un punto culminante con la obtención del Premio Nacional de Historia en 1994.

A lo largo de su trayectoria académica destacó por su defensa de las ciencias sociales. Siempre mantuvo un convencimiento sobre la importancia del conocimiento histórico, de nuestras raíces, del conocimiento de las interacciones y, sobre todo, de las formas en que se construye la sociedad. Creía en la posibilidad de llevar la educación y la política a un nivel en que domine el intercambio inteligente, el respeto, la tolerancia y los acuerdos racionalmente establecidos.

Su vida académica estuvo ligada a la Universidad de Chile, en donde llegó a ser Profesos Titular. En esta institución hizo sus estudios de pregrado, y allí permaneció hasta el día de su jubilación. En la década del sesenta fundó el Departamento de Arqueología y Antropología. Mucho después, recuperada la democracia, fue elegido por sus pares por dos periodos para el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Sociales.

Su obra científica está coronada con un extenso trabajo dedicado al pensamiento historiográfico chileno, desde el siglo XVI al XIX, que pudo completar poco antes de morir. Confiaba en poder presentar su libro a comienzos de año 2022. Esto ya no podrá ocurrir, pero con seguridad sus aportes serán una referencia para las nuevas generaciones de investigadores.

Mario Orellana dedicó décadas al estudio de las principales fuentes de la historia colonial chilena. Su paciente trabajo historiográfico, con el auxilio de su experiencia en antropología, arqueología y paleografía, plasmó en indispensables obras como Pensamiento historiográfico chileno (siglos XVI y XVII) y Pensamiento historiográfico chileno (siglo XVIII), de 2017 y 2019, respectivamente. En uno de sus últimos libros, El problema aborigen en Chile y el valor de la investigación histórica (2020), Orellana vinculó los resultados de su larga investigación con los desafíos del presente. En particular, reivindicó el papel de la historia para enfrentar los grandes problemas del Chile de hoy. Su inquietud principal era el largo conflicto del Estado, ya sea imperial o republicano, con nuestros pueblos originarios, y en particular con el Mapuche. Para él, la forma en que se ha abordado ese conflicto, como también otros conflictos en nuestra sociedad, requiere de una mirada histórica.

Esa mirada histórica le permitió volver a las principales fuentes (crónicas, informes, cartas, poemas) del período colonial para realizar un sofisticado estudio de lo que permanece como evidencia de acuerdo a estándares actuales: entender la subjetividad de las observaciones, validarlas o cuestionarlas a partir de otras fuentes, y ponerlas en un contexto de pensamiento historiográfico. Respecto de esto último, su libro representa un verdadero aporte al analizar las miradas de Jerónimo de Vivar, Alonso de Góngora Marmolejo, Pedro Mariño de Lobera y Miguel de Olavarría, a quienes destaca como pioneros de la etnografía de nuestros pueblos originarios.

Al margen de lo anterior, Mario Orellana fue un padre presente y dedicado a su familia. Su singular fortaleza espiritual se expresaba también en la preocupación y cuidado que tenía por sus cercanos. Por sobre cualquier otro interés, inculcó a sus hijos con mucho énfasis el lugar prioritario que debía tener el núcleo familiar.

Mario Orellana murió el 17 de diciembre de 2021, pero está destinado a vivir con nosotros, tanto en su obra historiográfica como en la memoria de sus hijos y de sus amigos.

(Una de las últimas fotos de Mario, tomada una semana antes de morir, junto con Ricardo López, miembro del Directorio de AEspigar)